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Hagamos un poco de historia…
Jun05

Hagamos un poco de historia…

Para la mayoría de los mortales los ascensores están ahí, han estado ahí toda la vida, y entramos y salimos de ellos sin darles ni la más mínima importancia. Nos transportan sin más, y no somos conscientes que, con toda probabilidad, son el mayor invento que jamás ha existido. Cerrad los ojos por un momento y pensad qué ocurriría si de repente desaparecieran. Los ascensores cambiaron nuestra vidas, la forma en la que trabajamos, la forma en la que nos desplazamos, la fisonomía de las ciudades, la estética de los edificios,… En definitiva: cambiaron el mundo.     Existen innumerables ejemplos de ascensores que se remontan a la antigüedad. Desde hace más de dos mil años, unos rudimentarios elevadores tirados por prisioneros, eran los encargados de subir a los gladiadores y a los animales a las arenas de los anfiteatros romanos de toda Europa. Dicen que el Emperador Nerón instaló también ascensores, tirados por un grupo de sus esclavos, en su majestuosa Domus Áurea en la colina del Monte Palatino. Incluso en el S.XVIII, Luis XV podía mantener encuentros extramatrimoniales con Madamme Pompadour gracias a uno de ellos, cuya función era unir sus estancias en Versailles. Ascensores, hasta llegar a nuestros días, ha habido de muchos tipos. Hacia los años 1830 – 1840 los ascensores empezaron a funcionar gracias a las máquinas de vapor. La mayoría de ellos hacían las funciones de montacargas que, la verdad sea dicha, tenía escasas medidas de seguridad. Posiblemente por esa razón casi nunca había una persona que fuese lo suficientemente valiente como para que se atreviese a subir a uno de ellos, ya que corría el riesgo que se rompiese la rudimentaria cuerda donde estaba suspendida la cabina, y acabase cayendo al vacío. Hasta mediados del Siglo XIX hubo muchos heridos y muertos. Los pocos intrépidos que se atrevían a subir a semejantes artilugios, dejaron de hacerlo por miedo a morir.     Sabiendo el problema que tenían en aquel momento los ascensores, el ingeniero mecánico norteamericano Elisha Graves Otis, decidió establecerse por su cuenta tras trabajar en diferentes empresas de la ciudad de Nueva York. Ideó un sistema de seguridad consistente en unas cuñas colocadas en las guías donde pasaba la cabina del ascensor, y que se ponían en funcionamiento si ocurría cualquier contratiempo con la cuerda. Su invento era increíblemente bueno, pero dado el miedo que sentía la población durante aquellos tiempos, solo vendió una unidad durante los primeros meses de vida de su empresa. Así que ni corto ni perezoso, decidió que lo que realmente necesitaba la gente era poder ver in situ cómo funcionaba su sistema de seguridad: hizo...

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¿Sabes cuál es la historia de los ascensores?
Oct11

¿Sabes cuál es la historia de los ascensores?

Si nos ponemos a pensar en un ascensor, en nuestra mente aparecen imágenes de habitáculos de acero inoxidable, números digitales y botoneras modernas. Nada más lejos de nuestra imaginación: los ascensores no son un invento actual. Aunque nos parezca imposible, los mecanismos utilizados para transportar carga han existido durante más de 2000 años.   Los primeros ascensores eran plataformas abiertas, suspendidas gracias a unas cuerdas de cáñamo que permitían mover la carga de forma vertical. Estos rudimentarios elevadores eran accionados por personas y animales. El primer ascensor del que se tiene constancia, lo creó el matemático Arquímedes en el año 236 a.C. En la Antigua Roma, se utilizaban estos artilugios, con el fin de mover de un lado a otro agua, materiales de construcción, y otros muchos objetos pesados. Como ejemplo de esto tenemos el Coliseo: su interior albergaba un complejo sistema subterráneo de habitaciones, corrales con animales y túneles. Tanto los pasadizos, como las estancias, así como la arena del anfiteatro estaban situados en diferentes niveles, por lo que se utilizaban plataformas móviles colocadas en ejes verticales, que facilitaban el transporte de los gladiadores y los animales hacia la superficie.   En cuanto a los ascensores ocupados por pasajeros, aunque de forma muy puntual, se empezaron a utilizar a partir del S.XVIII. Uno de los primeros en tenerlo fue el Rey Luis XV, cuando decidió colocarlo en Versalles. Este ascensor tenía la finalidad de unir de forma discreta, las habitaciones del segundo piso, donde vivía su amante, con las del primer piso, el lugar donde se encontraban las estancias reales. Tecnológicamente hablando, este ascensor no era mucho más evolucionado que el que podíamos encontrar en el Coliseo Romano: subía y bajaba gracias a unos cuando hombres accionando unas cuerdas, situados en la parte interior de una de las chimeneas de palacio. Pero no fue hasta el S.XIX cuando dos arquitectos británicos, Burton y Hormer, construyeron una plataforma en el centro de Londres, que subía y bajaba gracias a un complejo sistema a vapor, el cual transportaba a los turistas hacia una altura considerable, con la finalidad de poder admirar las espectaculares vistas de las ciudad. La verdad es que este «mirador» fue un auténtico logro, ya que hasta la fecha, y debido a la gran cantidad de accidentes que se producían, nadie se atrevía a subir en semejantes artilugios.   De todas formas, la persona que resolvió el problema de la inseguridad en los ascensores, haciendo posible la construcción de edificios altos, fue Elisha Otis: el inventor del ascensor tal y como lo conocemos hoy en día. En 1852, Otis desarrolló un diseño de elevadores con un sistema...

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