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¿Por qué España es el país con más ascensores por habitante de todo mundo?
Jun19

¿Por qué España es el país con más ascensores por habitante de todo mundo?

Sí, no nos hemos equivocado: España encabeza el ranquing de número de ascensores por cada mil habitantes, con la friolera de 20. A simple vista nos puede parecer que no son tantos, pero si tenemos en cuenta que quien nos sigue es Italia con tan solo 15, la cifra empieza a parecernos más importante. ¿Sabemos el motivo por el cuál esto es así? Existen numerosos factores para ocupar el primer puesto en la clasificación mundial desde hace muchos años. Hagamos un poco de historia.     Tras concluir la Guerra Civil Española, vivir en el campo fue sinónimo de pobreza. Numerosas familias se encontraron sin ingresos, y fueron muchos los que, a finales de los años 40, decidieron dar un giro a sus vidas y para trasladarse del medio rural a las ciudades en busca de un empleo digno. A consecuencia de la llegada masiva de inmigrantes se planteó un problema: el de la vivienda. Las urbes comenzaron a cambiar su aspecto debido a los edificios que, año tras año, aumentaban en altura. Los bloques de apartamentos fueron una buena solución a la falta de espacio. Ese tipo de construcciones estuvieron en auge, y con ellas los ascensores, desde la década de los años 60 hasta finales de los 70. En la actualidad, el 65% de la población vive en las grandes y medianas ciudades de nuestro país. Este valor está bastante alejado de la media de la Unión Europea, que cifra el dato en un 46%. Pero esta no es la única razón por la que somos el número uno en el mundo. A lo comentado anteriormente tenemos que sumar las políticas sociales que se han hecho en los últimos años, obligando a adecuar los edificios a la normativa, haciéndolos accesibles a la totalidad de sus vecinos. A esto tenemos que añadirle que, una amplia mayoría de la gente prefiere tener en propiedad la casa donde vive, antes que alquilarla. Las ayudas de la Administración junto con las novedades técnicas del sector, reduciendo a la mínima expresión la maquinaria y adaptándola a espacios en los que antiguamente era impensable la instalación de un ascensor, y la revalorización de los pisos en más de un 30% respecto a aquellos que carecen de elevador, han sido también parte de la razón por la que la cifra de ascensores haya aumentado año tras año.     Actualmente también nos encontramos que la instalación de los ascensores no se circunscribe únicamente a los edificios de apartamentos. Tras la aparición de los elevadores hechos a medida, a los que no es necesario colocar foso ni cuarto de máquinas, y de los prácticos ascensores...

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Hagamos un poco de historia…
Jun05

Hagamos un poco de historia…

Para la mayoría de los mortales los ascensores están ahí, han estado ahí toda la vida, y entramos y salimos de ellos sin darles ni la más mínima importancia. Nos transportan sin más, y no somos conscientes que, con toda probabilidad, son el mayor invento que jamás ha existido. Cerrad los ojos por un momento y pensad qué ocurriría si de repente desaparecieran. Los ascensores cambiaron nuestra vidas, la forma en la que trabajamos, la forma en la que nos desplazamos, la fisonomía de las ciudades, la estética de los edificios,… En definitiva: cambiaron el mundo.     Existen innumerables ejemplos de ascensores que se remontan a la antigüedad. Desde hace más de dos mil años, unos rudimentarios elevadores tirados por prisioneros, eran los encargados de subir a los gladiadores y a los animales a las arenas de los anfiteatros romanos de toda Europa. Dicen que el Emperador Nerón instaló también ascensores, tirados por un grupo de sus esclavos, en su majestuosa Domus Áurea en la colina del Monte Palatino. Incluso en el S.XVIII, Luis XV podía mantener encuentros extramatrimoniales con Madamme Pompadour gracias a uno de ellos, cuya función era unir sus estancias en Versailles. Ascensores, hasta llegar a nuestros días, ha habido de muchos tipos. Hacia los años 1830 – 1840 los ascensores empezaron a funcionar gracias a las máquinas de vapor. La mayoría de ellos hacían las funciones de montacargas que, la verdad sea dicha, tenía escasas medidas de seguridad. Posiblemente por esa razón casi nunca había una persona que fuese lo suficientemente valiente como para que se atreviese a subir a uno de ellos, ya que corría el riesgo que se rompiese la rudimentaria cuerda donde estaba suspendida la cabina, y acabase cayendo al vacío. Hasta mediados del Siglo XIX hubo muchos heridos y muertos. Los pocos intrépidos que se atrevían a subir a semejantes artilugios, dejaron de hacerlo por miedo a morir.     Sabiendo el problema que tenían en aquel momento los ascensores, el ingeniero mecánico norteamericano Elisha Graves Otis, decidió establecerse por su cuenta tras trabajar en diferentes empresas de la ciudad de Nueva York. Ideó un sistema de seguridad consistente en unas cuñas colocadas en las guías donde pasaba la cabina del ascensor, y que se ponían en funcionamiento si ocurría cualquier contratiempo con la cuerda. Su invento era increíblemente bueno, pero dado el miedo que sentía la población durante aquellos tiempos, solo vendió una unidad durante los primeros meses de vida de su empresa. Así que ni corto ni perezoso, decidió que lo que realmente necesitaba la gente era poder ver in situ cómo funcionaba su sistema de seguridad: hizo...

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