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Accesorios necesarios dentro del ascensor: los espejos y los pasamanos
Jul17

Accesorios necesarios dentro del ascensor: los espejos y los pasamanos

¿Cuántas veces coges un ascensor a diario? ¿Te incomoda el hecho de estar en un espacio tan reducido mientras llegas a la planta deseada? ¿Te has fijado alguna vez en los ascensores que habitualmente usas? ¿Sabes qué es lo que tienen en común para que nos sintamos mucho más confortables dentro de ellos? Levántate de donde estés ahora mismo. Sal al rellano de tu casa o de tu puesto de trabajo y pulsa el botón del ascensor. ¿Qué ves, aparte del habitáculo de la cabina? En la gran mayoría de los ascensores que usamos diariamente podrás observar que hay un par de objetos que son comunes a todos ellos: el espejo y el pasamanos. Su uso no es casual y, aunque nos lo parezca, no se utilizan principalmente por estética. Estos dos objetos son los que se encargan de hacer que una cabina de ascensor sea un lugar menos hostil y mucho más seguro.     Los espejos Independientemente de mirar si llegas despeinado a la oficina, si se te ha ido la mano con la maquinilla de afeitar, o si has salido de casa maquillada de más por culpa de las prisas mañaneras, los espejos dentro de lugares tan pequeños están especialmente diseñados para evitar sentir claustrofobia. ¡Cuántas personas rehúyen subir a uno de ellos, por tener un miedo irracional a los espacios cerrados! Después de todo, permanecer dentro de un lugar tan pequeño, aunque solo sea por un corto espacio de tiempo, es como una eternidad para aquellos que sufren de esta patología. Precisamente es por esta razón por la que se colocaron, allá por los años 20, los espejos en las cabinas de ascensor: ópticamente hacen que el espacio se perciba más amplio, aliviando el estado de ansiedad que provoca esta fobia. Otra de las razones, si bien no es la principal, es por seguridad. Su reflejo hace que tengas la posibilidad de vigilar a los que te rodean dentro de él, evitando posibles robos y situaciones desagradables.     Los pasamanos Así como tenemos constancia de cuándo se empezaron a utilizar los espejos dentro de las cabinas, nadie sabe por qué se comenzaron a usar los pasamanos, ni cuál fue inicialmente la razón por la que se añadieron al diseño del interior de los elevadores. En la actualidad, este objeto forma parte de la seguridad de la cabina. A pesar de que, la mayoría de los usuarios, tenemos la fortaleza y el equilibrio suficiente como para no caernos en cuanto el ascensor se pone en funcionamiento, no son pocas las personas (mayoritariamente de avanzada edad) que necesitan asirse en algún lugar para no acabar de...

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Los ascensores y la sensación de compartir espacio con gente que no conoces
Jul04

Los ascensores y la sensación de compartir espacio con gente que no conoces

La gran mayoría de nosotros, utilizamos el ascensor varias veces al día, sin pararnos a pensar que, la manera que tenemos de comportarnos dentro de él, dice mucho de nuestra forma de ser. ¿Cómo procedemos cuando nos metemos en un lugar tan pequeño? Independientemente de la cantidad de gente que haya dentro de él, lo primero que hacemos es pulsar el botón que nos llevará a la planta a la queremos acceder. Es justo después de este acto, cuando nuestra manera de proceder es diferente, en función de si tenermos la fortuna de poder usarlo solos, o por el contrario nos hemos encontrado con compañía, ya que no hay lugar donde sea más incómodo adentrarnos, que dentro de un ascensor en el que ya hayan ocupantes.     Uno de los estudios sociológicos más interesantes que hay, y que está en la mano de todos, es observar el comportamiento de los pasajeros de unos grandes almacenes. Haz la prueba: coje uno de sus ascensores, y dedícate a subir y bajar un par o tres de veces. Si lo haces, te darás cuenta como los pasajeros parece que, por puro instinto, saben cómo organizarse dentro de de él. Con cada persona que entra, los demás ocupantes se van desplazando, a la vez que se quedan encarados hacia la puerta de salida, mientras van ocupando los espacios que aún quedan vacíos. El objetivo de dicho desplazamiento, no es otro que mantener la distancia máxima para no sentir que están invadiendo tu propio espacio vital, o que eres tú el que invades el espacio vital del otro. Tal y como van entrando más personas dentro de la cabina, los ocupantes se van recolocando una y otra vez, mientras se saludan de forma protocolaria, con un “buenos días” o “buenas tardes” en función de la hora del día que sea. Dos ocupantes que no se conocen de nada, acostumbran a colocarse cada uno en un extremo del habitáculo. Al entrar una tercera persona, se formará seguramente y de manera inconsciente, un triángulo entre ellos, variando su posición al introducirse una cuarta. Lo más curioso de todo esto es que, aunque ese ascensor lo utilicemos a diario, actuamos casi siempre como si fuese un lugar desconocido: evitamos el contacto visual, o miramos y remiramos nuestro teléfono móvil. Y… ¿cuál es nuestro único pensamiento?: “a ver cuándo salgo de aquí”.     Pero la incomodidad de ese momento no radica únicamente en el hecho de estar en un espacio pequeño y cerrado, repleto de individuos a los que nunca les hemos visto la cara. El subir en un ascensor es, para muchos, algo que está...

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